Por Susana Gomes Bugallo

Rebeca Alderete vive entre dos mundos, porque las pasiones pueden ser así de caprichosas. Solo ella sabe cómo se las arregla para ser ingeniera de muchas producciones musicales y dirigir la primera revista fashion de Cuba. Todo al mismo tiempo

¿Qué tiene en común la música con el mundo del periodismo? ¿En cuánto coinciden la ingeniería y el ambiente de la moda? Rebeca Alderete Bauta tiene las respuestas. Bien sabe ella que de un lado viaja al otro en segundos y no deja de estar en ninguno de los dos, o se multiplica milagrosamente para vivir en ambos a la vez. Es que la pasión lo puede todo. Y si está compartida o duplicada en varios cosmos, puede todavía más.Por eso es que ella se desvela equilibrando frecuencias y volúmenes, y luego madruga para conseguir las fotografías del amanecer, que son las perfectas, o las que evitan el calor y que se estropee el maquillaje, los vestidos o el último accesorio que todas quieren llevar. Así quedan mejor en la revista. De todo esto sabe Rebeca. Y por todo ello vive.

¿Cómo llegó a viajar de un mundo al otro? Fue cuestión de soñar. Ella siempre había amado el ambiente fashion; seguía diversas publicaciones internacionales y se preocupaba por estar al tanto de todo lo que ocurría en una industria que puede ser tan apasionante, como equiparar resonancias detrás de una consola.

Por eso, aunque se había graduado hace años de la especialidad de Sonido en el Instituto Superior de Arte, no dudó en comentar la idea con su amiga Gabriela Domenech, licenciada en Lenguas Extranjeras por la Universidad de La Habana, y unos meses después ya estaban haciendo realidad su proyecto de la primera revista de modas en Cuba después de 1959.

En febrero de 2015 surgió Garbos. Como una invitación a compartir historias de la moda y el estilo de vida, salió el número 00, presto a las recomendaciones de su público. Y, a partir de ahí, comenzó un viaje que ya lleva más de tres años entregando su número mensual.

Mónica Alonso
Portal Web de la Revista Garbos.

Hace unos meses, la página web se remodeló y la presencia de la publicación ya no se reduce a una revista periódica, sino que se actualiza diariamente desde internet. E interactúa mucho más con quienes la siguen.

“Nos pareció una buena idea tener un espacio para el mundo del diseño y las mujeres cubanas, que desde 1959 no tenían una publicación para abordar más que problemas sociales. Queríamos algo que tratara otras cuestiones, como el modo en el que llevamos nuestro estilo, y que se constituyera como un nuevo espacio para la moda en Cuba”, comenta la muchacha.

Cualquiera pudiera pensar que tener una publicación fashion en la isla es un sinsentido. Y tendría razón suficiente para sus dudas. En un país marcado por las carencias económicas y la desconexión con el mundo en todas las aristas, una revista que hable de diseños, estilo de vida, desfiles, modelos y hasta decoración de interiores parece la idea más descabellada. Pero, a pesar de todo, existe Garbos.

Y eso gracias al empeño de esta joven que continúa laborando en los Estudios Abdala y cargando la responsabilidad de brillantes trabajos de ingeniería que tanto agradecen las personas del mundo de la música en Cuba. A la vez, sabe bien qué quiere tener en las páginas de su magazine. Y dirige a un equipo de muchachas que han unido esfuerzos y talentos para conseguir mejores trabajos periodísticos o las instantáneas que hacen de Garbos un producto ya consagrado en el mundo informal de las lecturas cubanas.

Rebeca sabe que la moda es un tabú para el país, pues el tiempo ha logrado que se piense de un modo práctico y menos glamoroso, contrario a lo que ocurría antes del 59, cuando las personas en Cuba eran muy elegantes.

Sobre lo que distingue a la revista, comenta que es más amplia al abordar el mundo femenino y trata asuntos que en la prensa estatal no se tocan. “Quizás eso es lo que ha atraído al público, además de la estética diferente.

“La idea es hablar de otras partes de Cuba que son bellas, para no vender lo trillado que se ve por el mundo: el carro clásico, la mulata y el tabaco. Tratamos de ir a nuestra moda, al sentido del estilo y a que se entienda que aquí hay mucho talento. También nos distinguen temas como la sexualidad, las cuestiones de género, actualidad cultural y todo lo que nos haga crecer”, dice.

Otro sello de esta renovada revista es la intención de conquistar, desde un discurso claro y directo, listo para conectar fácilmente con las audiencias.

Pensamos a Garbos como una revista que pudiera leer cualquiera. Tiene un lenguaje cómodo y fluye fácil, aunque cuidamos de no ser burdas ni demasiado planas, sino consecuentes con nuestra comunicación”, arguye la directora.

“Estéticamente quisimos ir más allá, para no quedarnos en algo pobre visualmente. Quien no vive aquí, se asombra cuando descubre que todo esto se hace en Cuba. Porque se está acostumbrado a los clichés”, enfatiza.

Lo mejor que hemos tenido durante este tiempo es que nos damos el lujo de hablar de lo que queremos”, dice. Y lo más complicado ha sido la producción: “hacerla mensualmente es un compromiso fuerte, porque no hay mucho en Cuba con este contenido, y el mayor reto de todos los meses es tener la inventiva.

“En el país no existen marcas importantes de las que nos alimentemos para generar noticias. Algo tan simple como las temporadas de moda son imposibles aquí, porque somos un eterno verano. No hay forma de tener una retroalimentación lógica. En otras partes del mundo, con otro presupuesto, quizás se podría hacer mejor. Pero esta es nuestra realidad”, defiende.

“Sigue siendo un sueño imprimir Garbos. Pero el mundo va por otras vías. Las grandes publicaciones impresas encaminan a sus públicos a la página web, red social o a descargarla para tenerla en los dispositivos electrónicos”, describe.

Y sueña entonces con un mañana mejor. “Me gustaría que el magazine se convirtiera en una biblia de la moda en Cuba, que fuera una revista donde todas las mujeres soñaran estar y ser; que se viera como una guía. Es una publicación que hemos cuidado mucho y se ha hecho por amor. Y eso es lo más importante”, sentencia y recuerda que los mayores retos están a la vista.

Tener un equipo en el que la mayoría son mujeres y muchas continúan en otros trabajos a la par, es todo un reto al que Garbos ha sobrevivido. Lo más difícil ha sido no tener una sede, precisa Rebeca, porque se trabaja con mucha dispersión. Y combinar el resto de las ocupaciones de todas con las urgencias propias de la publicación también ha reclamado esfuerzos, señala.

Todavía hay muchos sueños, respalda. Concretarlos es lo más difícil. “Son miles de planes y ojalá pudieran llevarse a cabo: tiendas, marcas, posicionamiento y un proyecto inmenso. Pero hace falta mucho trabajo. Estoy contenta por hacer lo que nos apasiona, porque hemos crecido y la gente nos sigue”, resume.

Los logros también son materiales, pues Garbos fue la única publicación que colaboró con la casa de modas francesa Chanel, meca del mundo fashion, cuando estuvo en Cuba. “Chanel fue un cambio importante, sobre todo en la producción fotográfica. Trabajar con la marca fue un lujo porque también descubrimos personas increíbles a las que les gustó el proyecto”, recuerda.

Para quienes piensan que tener una revista de moda en Cuba es una locura, este magazine, con casi cuatro años de vida, tiene mucho que contar. “En muchas partes del mundo la moda se considera algo muy frívolo y la gente lo ve como una cuestión de consumismo. Pero ha sido, es y seguirá siendo necesario tener a Garbos.

“Este es un país muy atípico y controversial, pero muy creativo, sobre todo en su modo de vestir. Nadie tiene muchos Mangos, Zaras, Guccis o Chanel para elegir. Y aunque los tuvieran, el modo de combinar lo que usamos es muy propio. Cada quien posee su exclusividad y eclecticismo. Pero nosotros mucho más, porque no tenemos acceso a lo industrial.

Moda
Revista Garbos

“Si sales a la calle en Cuba, puedes ver diferencias; siempre encontrarás variedades. En otros lugares del mundo las personas tienen como un camino a seguir para vestirse. Eso es lo genial que tenemos y que Garbos ha defendido: la peculiaridad de cubanas y cubanos”, significa.

Solo por esa razón, Rebeca no teme a seguir viviendo en dos universos paralelos. Al fin y al cabo, las pasiones nunca se estorban. Ni puede salir de atrás de sus consolas y abandonar los sonidos a su suerte, ni dejará que su sueño de una publicación de modas en Cuba acabe en un proyecto olvidado. Ella sabe bien que una cosa va ligada a la otra; se trata solo de eso: de escuchar los sonidos de la moda.

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